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Hace unas semanas, en un rato libre hablaba con un compañero de trabajo y entre tema y tema se me salió un comentario, le dije: “hace meses no leo” a lo que é: respondió : “Yo tampoco. Me siento bruto, estúpido”

Yo igual. Tras más de un año de no leer un libro, de no escribir, y de no hacer otras actividades que llenan el espíritu, he ido luchando por retomar mis espacios. Espacios invadidos por el trabajo, principalmente, que absorbe el tiempo y la energía, de lunes a sábado y que deja asomar el domingo como un intento insuficiente de permitir el descanso, el esparcimiento y la satisfacción de alimentar la cabeza, y el corazón. No critico aquí mi trabajo, ni el hecho de tener que trabajar, solo exteriorizo que las dinámicas laborales me maquinizaron por un tiempo, y fui solo empleado desde que me acostaba hasta que me levantaba. Este fenómeno, según he percibido a través de conversaciones en persona por correo electrónico, también lo han sufrido amigos bloggers y apasionados de la lectura y la escritura cuyos grupos de escritura se han disuelto, cuyos proyectos literarios se han visto detenidos y pospuestos para responder a la obligación.

El punto difícil es el balance, el equilibrio entre la obligación y la pasión. Uno no puede querer mezclarlas porque las disposiciones y marcos laborales lo restringen o imposibilitan, por un lado, o simplemente no puede uno vivir de escribir y leer (tal vez, tal vez de cantar) en este país. Toca entonces dar a cada cosa su espacio y la obligación siempre tedrá prioridad sobre la razón (por lo del mercado, renta, permanencia en el trabajo, etc.)

De aquí que el ser uno mismo tenga que asomarse por entre las hendijas del ser empleado. Y en ese es ahora mi nuevo punto de partida. Sin embargo las hendijas pueden fortalecerse, ampliarse. Me gusta trabajar y no pienso dejar de hacerlo, me gusta escribir y leer y no pienso dejar de hacerlo. Porque a veces, cuando uno se siente solo, se desmotiva y cede, creo que la mejor forma de evitar la maquinización es a través del establecimiento y consolidación de comunidades, físicas y virtuales, de lectores y escritores que trabajen juntos para formarse y mejorar, para defender sus espacios, difundir su trabajo y promover la lectura y la escritura. He intentado crear lazos, y ha funcionado, lentamente, pero hay que seguir afianzando. Y creciendo.

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