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Cuando por primera vez vi esta entrada sobre la Edad Oscura Digital la asocié inmediatamente con algo que en lo que venía pensando desde hace varios meses. Al ver el título “Edad Oscura Digital” mi interpretación fue la de una edad en la que no hubiese energía para operar dispositivos electrónicos y que por lo tanto, toda la información contenida en éstos se tornaría inaccesible. En ese momento mi interpretación fue medianamente acertada, pues cuando leí el contenido del artículo me encontré con que en realidad se trataba de una edad en que los nuevos formatos electrónicos desplazarían a los viejos formatos, de tal forma que los nuevos aparatos ya no podrían leer la información antigua, la cual se perdería en el tiempo. Un ejemplo es el del satélite Nimbus II de la NASA, cuyas imágenes de observación de la Tierra, tomadas en septiembre de 1966 y recuperadas este año 2010,  no podían verse porque en la actualidad no existe el dispositivo que leyera el medio magnético en el que estaban almacenadas, cosa que puso a los técnicos en apuros, aunque al fin lograron extraer los datos. (fuente aquí)

Pero aquí vuelvo entonces a la primera interpretación, a la más literal. Muchos de nosotros nos hemos venido volviendo tecnodependientes y por ende dependientes de la energía. Yo ya no me imagino tan siquiera redactando a mano un trabajo de la universidad y menos aún no complementarlo con información extraída de internet. Si no tengo un computador para hacer mis cosas me siento incapaz. De hecho me pregunto ¿si no tuviera un computador e internet sería incapaz? No, hasta el momento.

Una mañana, días atrás, estaba con toda la disposición de preparar una exposición para uno de mis cursos. Cuando llegué a la universidad no había electricidad. Toda la información que tenía para hacer la exposición estaba en mi memoria usb. Allí estaban los libros físicos, por supuesto, pero la facilidad y rapidez que proporciona un computador lo vuelve a uno, en cierto sentido, perezoso. Pero no sólo se trata de la comodidad: con el paso del tiempo el volumen y la calidad de información que se alberga en internet crece cada vez más, de modo que en algún momento es posible que supere al de las bibliotecas físicas. De hecho en un estudio se llegó a decir que Wikipedia.org es tan acertada en sus contenidos como lo es la Enclopedia Británica (1) y eso que la comparación se hacía con la versión electrónica de esta última. ¿Cuáles serían los resultados si se le comparase con la versión física?.

¿Qué si se llegara el día en que una crisis energética nos privara de electricidad por meses? ¿Qué sucedería si tal crisis se presentara en un futuro donde la información física escasee porque ha sido reemplazada por versiones digitales?

Si bien tenemos mucho control sobre los contenidos y las ideas que se construyen y circulan a través de la red (aunque haya que hacer resistencia a los monopolios y a las leyes que vulneran derechos al acceso a la información), no tenemos control, en lo absoluto, sobre la generación y el flujo de la energía eléctrica. (2)

De todas formas, algo bueno que me quedó de no que no hubiese electricidad por algunas horas fue que retomé el dibujo para expresar cómo me sentía. Ya habrán visto lo que salió.

(1) Claro, haría falta conocer los pormenores de esa investigación para poder decir qué tan fiable es.

(2) Esto me hace pensar también en la dicotomía entre libros físicos y electrónicos. ¿Cuáles de éstos podrán leer las generaciones dentro de cientos de años? ¿Podrán leerlos ambos, sólo los físicos o sólo los digitales?

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