A veces la policía, aparte de falsos positivos, hace alguito para hacerse notar.

Ayer 19 de noviembre cuando entraba a la estación del MIO  a eso de las 6:30 de la tarde, vi entre un tumulto de mirones, una persona tirada en el suelo. También había un par de agentes de la policíay un par de policías bachilleres.

Mi primera impresión era que se trataba de algún desmayado o de alguien con algún problema médico. Ya cerca constaté que se trataba de un muchacho de piel negra, tendido boca abajo con las manos atadas con un pedazo de tela y los pies atados con un cinturón. Un ladrón, supongo, aunque estaba vestido como un chico cualquiera, no como uno se imaginaría que anda vestido un ladrón.

El caso es que fuera lo que fuese que estaba haciendo, lo agarraron, y yo seguí a tomar mi bus.

Me subí, no tan estripado porque el carro casi lleno y alcancé una silla vacía. El MIO, bien si no me estresa, es aburrido, a lo mejor más que todo para el conductor. El señor se sienta ahí y acelera (los buses articulados son automáticos, sin cambios). No le habla a nadie, no pelea con nadie, no le mienta la madre al del taxi, no le tira el carro al motociclista, en fin, queda privado de esas típicas y entretenidas actividades caleñas de las cuales tal vez la que más extrañen estos choferes sea la de pasarse el semáforo en rojo.

Pasando por el Hospital Siquiátrico, de nuevo la escena del tumulto de mirones, pero esta vez estaban mirando hacia arriba. Me fijé y en lo alto de la pared de la fachada del hospital estaba parada una persona con problemas mentales, en la seguridad de la peligrosa altura, mirándolos allí abajo, tan pendejos. Tal vez si el muchacho negro hubiese estado lo suficientemente loco, su hubiera subido a la cima de la estación de MIO. De nuevo había policías bachilleres, dos, creo, esta vez no había oficiales. El bus siguió su camino, no supe que pasó.

Hoy ya no había un tumulto de mirones, había un tumulto de policías bachilleres que, como en este país al parecer tienen las mismas funciones del CTI,  y merecen  más respeto y son más importantes que los estudintes universitarios, estaban requisando hasta el cogote a todo (100%) univalluno que quisiera entrar. No requisa = No MIO

Ahora resulta ser que las estaciones del MIO también sirven para mantener vigilados a los estudiantes universitarios, porque, ojo,  sólo en la estación de Univalle pasa esto. Ya se llegarán los positivos, cuando en el mencionado “ente de seguridad” se aburran de hacer alguito para hacerse notar. Posiblemente ahora los policías bachilleres también están preparados para tan patriótica misión.

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