[Este es un artículo que publiqué el 20 de mayo en la bitácora de  Cosmocapsula.com]

Campesinos, cuento de ciencia-ficción del autor colombiano Jaime Lopera, incluido por René Rebetez en Contemporáneos del Porvenir (Rebetez, 2000), aborda un tema que es actual aún si se viene dando desde hace más de dos siglos: el desplazamiento de las gentes del campo hacia las ciudades a causa de la mecanización y automatización de los procesos agrícolas. Mas esta transición no se ha sucedido sin encontrar en ocasiones rechazo o resistencia por parte de estas personas ya que afecta grandemente su modo de vida llevándolas a que sientan amenazada su supervivencia. El cuento de Jaime Lopera, se desarrolla en un futuro en que el número de campesinos es microscópico en proporción a la población mundial y su deber se ha reducido a operar la maquinaria encargada de hacer todo el trabajo en los cultivos. Estas pocas personas, cansadas de su condición solitaria y aislada buscan un medio de rebelarse contra el panorama que se les ha impuesto y así hacer que el estilo de vida vuelva a ser como el de antes, con urbes más pequeñas y un campo más poblado.

Transportando tal imagen a la realidad del momento se puede exponer un caso, que hay muchos, de cómo se da el proceso de desplazamiento y cómo lo asumen quienes se ven directamente involucrados.


Tenemos entonces al Valle del Río Cauca, ubicado en el suroccidente colombiano, cuya economía se basa principalmente en la producción de la caña de azúcar. Para la recolección de la cosecha se contratan corteros, hombres que la realizan manualmente usando unas herramientas de corte llamadas pacoras, así como machetes de diversos tipos. Esta es una ardua labor que implica larguísimas y agotadoras jornadas de trabajo pesado bajo el sol además de ser pésimamente remunerada. Los corteros pertenecen a bajos estratos socioeconómicos y sus condiciones de vida no son para nada fáciles.

Los ingenios azucareros, al igual que toda empresa, en busca de ahorros y del aumento de su competitividad persiguen el mejoramiento de su eficiencia y rendimiento que son logrados, entre otros factores, a través de la mecanización y automatización de los procesos de producción. En este caso, cortadoras mecánicas que pueden cumplir las labores de decenas de hombres (entre 80 y 250 dependiendo del porte del aparato) y en menor tiempo, aunque no con la misma calidad, han sido introducidas ya sea por compra directa por parte del mismo ingenio o por alquiler. Según cifras ofrecidas por el diario El País (periódico de la ciudad de Cali) del 11 de mayo de 2009, “Sólo el 10% del corte de caña en Colombia está mecanizado y los ingenios más avanzados sólo alcanzan el 45%. Mientras tanto, en países como Australia y Estados Unidos, la mecanización llega al 100% de la producción. En Argentina, este indicador llega al 65%.”1

De tal modo que para ser competitivos, los ingenios se han propuesto masificar el uso de máquinas y el futuro laboral de los alrededor de 12.000 corteros se ve en vilo. De aquí que dicha masificación provocaría una grave crisis económica y social en la región. Sin embargo y en oposición a la reacción de los campesinos en el cuento de Jaime Lopera, los mismos corteros aprueban la mecanización, dado que consideran que su trabajo es mal remunerado y, aún más, concuerdan con algunos personajes nacionales que han llegado a compararlo con la esclavitud, por lo cual su demanda se orienta a que se les ofrezcan nuevas y diferentes oportunidades de empleo.

Las raíces de este tipo de problema se remontan a finales del siglo XVIII en Inglaterra con la Revolución Industrial. Ésta transformó totalmente el panorama económico y social que existía, surgieron las primeras fábricas, industrias y la producción en masa. Tomaremos un caso preciso, que presenta similitudes en algunos aspectos y enormes divergencias en otros con el de los ingenios y corteros. Es el caso de los artesanos hilanderos ingleses de aquella época quienes, además de atravesar por un difícil escenario socioeconómico a raíz de las guerras entre Inglaterra y Francia, comenzaron a verse desplazados por la masificación de la producción textil una vez se introdujera el motor de vapor que dio surgimiento a los telares mecánicos. Es así que al ver su supervivencia y modo de vida amenazados, estos artesanos recurrieron al parlamento para que regulara o prohibiera el uso de los mencionados aparatos. Ante la negativa del parlamento se organizaron para ingresar en las noches a las fábricas con el fin de destruir a quien consideraban su enemigo: las máquinas. Este movimiento se dijo dirigido por un personaje llamado “King Lud”, “Captain Ludd” o “General Ludd” y sus miembros se denominaban “luddites”, palabra traducida al español como luditas. El dirigente del movimiento, se cree hoy día, fue más una figura simbólica y no un hombre de carne y hueso. Los apelativos que se le daban parecen haber sido inspirados por Ned Lud, de quien no se sabe hoy en día si fue una persona real o ficticia a falta de evidencias sobre su existencia y aparentemente fue el primer hilandero, en 1779, en destruir un telar mecánico por considerarlo una afrenta hacia su medio de sostenimiento.

Es de aclararse que el movimiento ludita, o ludismo, no se rebelaba contra las máquinas en general, sino única y exclusivamente contra aquellas que afectaban negativamente su modo de vida y el de su comunidad. No obstante, este término es entendido hoy como referente a aquel que se resiste a cualquier manifestación de la tecnología o a cualquier avance tecnológico.

El movimiento alcanzó unas proporciones inmensas. Se sumaron a él miles de trabajadores, con la simpatía de algunos sectores de la población. Tal fue la dimensión de los daños causados y el volumen de hombres en sus filas que debió usarse al ejército inglés para reprimir sus acciones, seguido de que el parlamento tipificara la destrucción de máquinas como crimen grave penalizado con la muerte.

El ludismo se disipó hacia 1816 después de que algunos luditas fueran ejecutados y la acción violenta se reemplazase por la creación de los sindicatos. De todas maneras, se logró la reducción en la implementación de máquinas por el miedo de los empresarios a la reactivación del movimiento y se aumentaron los salarios.

Afortunadamente hoy en día la acción violenta producto del ludismo se ha descartado (o es muy pequeña como para ser visible). De haber continuado así, en nuestra “era de la información” podríamos pintar un caso exagerado e hipotético en que los vendedores de periódicos y los dueños de quioscos de revistas se arrojaran en masa contra los cyber-cafés, porque muchas publicaciones seriadas son leídas a través de internet e incluso algunas se han mudado totalmente del papel al formato digital. En cuanto a la robótica tendríamos los músicos de una sinfónica atacando a trombonazos a ASIMO, un robot creado por la compañía Honda que es capaz de dirigir una orquesta y a otro robot de la Toyota que puede tocar el violín. En el peor de los extremos, los científicos británicos conspirarían contra Adam, un robot desarrollado por la Aberystwyth University en Gales, que autónomamente ha logrado un descubrimiento científico en el área de la genética identificando los roles de algunos genes en la células de la levadura.

Sea cual fuere el avance tecnológico, al parecer la tendencia al desplazamiento del hombre y la toma de sus posiciones por parte de la nueva tecnología no se detendrá. Es responsabilidad tanto de quienes crean como de quienes masifican nuevos inventos, el evaluar de forma sensata y hacer lo posible por mitigar el impacto socioeconómico, sociológico y hasta psicológico que puede resultar de su uso en vez de implementarlo a ciegas en busca del beneficio propio lo cual, como se ha ejemplificado, puede llegar a desembocar en resultados más funestos que positivos.

Bibliografía y referencias

Mijailov, M. I. La revolución Industrial. Ediciones Emfasar. Colombia, 1986. 115 p.

Rebetez, René (editor.) Contemporáneos del porvenir. Primera Antología Colombiana de Ciencia Ficción. Editorial Planeta. Santafé de Bogotá, 2000. 157 p.

Vonnegut, Kurt. A man without a country. Seven Stories Press. New York, 2005. 146 p.

Arroyave, Yaira. El verdadero desafío de los azucareros. El País, 11 de mayo de 2009 <http://www.elpais.com.co/paisonline/notas/Noviembre162008/eco1.html> Leído: 19 de mayo de 2009.

Gill ,Victoria. Robo-scientist’s first findings. 2 April 2009. www.news.bbc.uk <http://news.bbc.co.uk/1/hi/sci/tech/7979113.stm> Leído: 19 de mayo de 2009

Sale, Kirkpatrick. “The achievements of ‘General Ludd’: a brief history of the luddites. ” The Ecologist.  29.5 (August-Sept 1999): 310(4). Academic OneFile. Gale. Universidad del Valle. 11 May 2009 http://find.galegroup.com/itx/infomark.do?&contentSet=IAC-Documents&type=retrieve&tabID

=T002&prodId=AONE&docId=A55576275&source=gale&srcprod


=AONE&userGroupName=univalle&version=1.0

Luddite, en www.wikipedia.org <http://en.wikipedia.org/wiki/Luddite> Leído: 19 de mayo de 2009

Ned Lud, en www.wikipedia.org <http://en.wikipedia.org/wiki/Ned_Lud> Leído: 19 de mayo de 2009

The luddites 1811-16 en www.historyhome.co.uk <http://www.historyhome.co.uk/c-eight/distress/luddites.htm> Leído: 19 de mayo de 2009

Un robot artista capaz de tocar el violín 07/12/2007 www.elpais.com <http://www.elpais.com/articulo/internet/robot/artista/capaz/tocar/violin/elpeputec

/20071207elpepunet_4/Tes>

Un robot toma la batuta Jueves, 15 de mayo de 2008. ww.news.bbc.co.uk. <news.bbc.co.uk/hi/spanish/science/newsid_7402000/7402609.stm> Leído: 19 de mayo de 2009


1 Arroyave, Yaira. El verdadero desafío de los azucareros. El País. 11 de mayo de 2009 <http://www.elpais.com.co/paisonline/notas/Noviembre162008/eco1.html >

David Pérez

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